Títeres

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Fotografía: Rob Potter

Un día te vas a cortar las cuerdas
y regresarás a donde nunca debiste marcharte.
Nos hemos envenenado al respirar el mismo aire.
Trece veces ha sonado ya el mar,
cada vez su voz más lejos,
cada vez más ronca.
No sé en qué punto nos perdimos,
que desde entonces nos mueven solo hilos.
Y te quedas mirando al de al lado
hasta que ves que también lleva cuerdas,
hasta que ves que nos convertimos en reflejos.
Pálidos y ciegos a la luz.
Dejamos de saber cuando nos hicimos los sabios.
Negamos lo que se sale de la lista
dejándolo fuera del juego,
dejando más cuerpos que cabezas,
más finales que comienzos.
Epidemias de marionetas en un circo sin éxito.
Supongo que hay muchas razones,
empecé por la moneda y acabé en las barricadas.

 

 

 

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13 comentarios sobre “Títeres

  1. Envenenarse para nada, buscando ganancia,
    desperdiciando el amor que nos unió.
    Quizás insuficientes no quisimos compartir
    con sinceridad nuestros haberes.

    Ávaros de añadir al otro a ellos en vez de vivirnos,
    saborearnos y gozarnos.

    Quizás por ello, nos perdimos en el abismo,
    ese sinsentido que se traga nuestros ojos.
    Y así, ciegos el uno para el otro,
    dejamos de ser la luz para encarnarnos en mera sombra.

    Aun así, te digo amor, que la sombra está llena de luz,
    que los ciegos pueden ver, y cómo no,
    aun tu veneno por sangre, mantendré lo que fue verdadero.

    Y te digo también, que el mar lleva sonando sinfín,
    desde los albores de todo lo que es.
    Si nos separamos, si lo hacemos, no es por la mar salada,
    ni por la tierra, cuna del gran árbol de la vida.

    Si nos separamos amor mío, nuestro es el hado,
    que en vez de juntarnos de nuevo y reducirnos a uno más pleno,
    nos lleva a querer abundar hasta rebosar en este pequeño lugar.

    Y con todo, con más y con menos, te seguiré llamando amor.

    íñigo l.
    7 abril 18
    todos los derechos reservados amor,
    reservados a darlo todo sin pedir nada,
    cuando sienta,
    y a negarme,
    cuando no sienta.

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  2. No sé en qué punto nos perdimos,
    que desde entonces nos mueven solo hilos.
    Y te quedas mirando al de al lado
    hasta que ves que también lleva cuerdas,
    hasta que ves que nos convertimos en reflejos.
    Pálidos y ciegos a la luz.

    FELICITACIONES, PRECIOSO

    Le gusta a 1 persona

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